El fundamento empírico como acicate

 
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Surgió de un inocente chascarrillo, ingenioso me pareció a mí, que hizo un buen amigo en una reunión reciente. Contó varios episodios bastante divertidos de su larga experiencia de vida con una tercera persona, bien querida por todos los que participábamos de la tertulia, y después de las risas concluyó su definición de aquella convivencia con una versión muy personal y científica del “y sin embargo, le quiero”. Recuperada la respiración normal, dijo con cierta solemnidad: “Hay una cosa llamada el fundamento empírico que nos dice, y allá el que no lo entienda, que una cosa que ha sucedido puede volver a pasar”.

Acababa de relatar mi amigo varias anécdotas que le había tocado vivir o soportar junto a la persona de la que hablábamos, situaciones que probablemente hubiera preferido ahorrarse en su momento y que, sin embargo, estaba dispuesto a afrontar de nuevo, u otras igualmente rocambolescas, no sé yo si con más gusto o resignación. Lo que a su manera trataba de explicarnos era que esa amistad (¡y cuál no!) suponía correr ciertos riesgos reales, pero que lo asumía porque para él merecía la pena.

Lo que sucede no es imposible. Puede ser raro, improbable, excepcional e increíble, pero no es imposible. Si algo pasa una vez es que puede repetirse (no literalmente, por supuesto, ya que desde Heráclito sabemos que dos hechos iguales nunca son el mismo hecho), y este es el fundamento empírico, el muy fascinante fundamento empírico. Se lo presento. Aquí el fundamento empírico, aquí unos amigos lectores.

Y ahí lo dejo. Que cada cual lo maneje a su antojo, conveniencia o criterio. Ya se sabe que hay quien ve una oportunidad en toda calamidad y quien ve una calamidad en toda oportunidad, realidad que define el optimismo y el pesimismo según Churchill. Pero sírvanse ustedes mismos… Uno solo tiene un enfoque al respecto: todas las cosas buenas que pasan pueden repetirse. Si hay personas que sanan, es que se puede curar; si hay personas que son capaces de sacar adelante su propio proyecto vital y/o profesional es que es factible vivir sin más jefe que uno mismo; si hay personas que superan sus miedos y sus tragedias, no hay razón para pensar que alguien sea incapaz de lograrlo; y si hay a quien le tocó la lotería primitiva (conozco a un tipo que, en efecto, fue agraciado, créaselo), es que toca, realmente toca (ya, ya sé que el dinero no compra la felicidad, pero no me negarán que debe de ser bonito no tener que andar buscándolo todos los días).

Millones de personas han visto cumplidos su(s) sueño(s), lo cual quiere decir que esto sucede, que seguirá pasando y que le podrá suceder a cualquiera, aunque con más probabilidad, eso sí, a quien ponga de su parte, a quien además de soñar haga lo necesario para que las cosas pasen.

No espere. Haga. Y que el fundamento empírico le acompañe.

 
Gerardo Torres